domingo, 24 de marzo de 2013

Andalucía Nueva Ignara (2013)



A BORDO DE PIES

Corro corro corro /Porque la vida es villana, virtuosa, vil / Allí donde el exilio de cuántas penas / Las historias se mezclan / La voz no escribe / La orina del miedo, el pedal de la Singer, los recuerdos / Digo que hablo pero escribo.
Son el manojo de algunos de los indicios con los que Griselda Gómez construye su imagen del mundo. Un mundo en el que va y viene el recuerdo de Andalucía, Córdoba, desde una primera persona del singular, pero también desde una voz colectiva, nuestra. Derrame de historia que pluralmente va diciendo: no me lo contaron, juntos buscamos, ellos lo hacen por no olvidar.
Va y viene el recuerdo de jugarse y juzgarse. Derrame de un yo que asume la voz y grita por todos los que no abdican. Porque, afirma, nadie puede lo que calla.
Griselda Gómez con las palabras hace puentes, cruza, arma y desarma imágenes cargadas de significación. Todo adquiere en lo escrito un impulso lírico que es apremiante emoción, conciencia de soledad y percepción del tiempo.
Porque de lo que se trata es de seguir viviendo, tanto en primera del singular como colectivamente. Para ello hay que empezar a exorcizar el mundo, arrancarlo de la docta e ignota apariencia y convertirlo, como hace toda poesía, en una nueva realidad, traspasando el umbral, convocando a los viejos poderes, reviviendo la liturgia verbal, diciendo la palabra de vida.

María Laura Fernández
La Plata, 2012
EDITORIAL BABEL

miércoles, 13 de febrero de 2013

Flores del Bien (2008)




Esta música certera capaz de herirnos de rabia y de impotencia, esta maldita música que vivirá por siempre entre nosotros, escupiendo injusticias de cuerpos ausentes, moradas silenciosas. Esta música resonante, única y bulliciosa mutará suavemente desde el blanco pañuelo y la otra furia para oler entre caricias, la primera esencia de la vida, el perfume.


Gonzalo Vaca Narvaja
NARVAJA EDITOR

Link para acceder a Flores del Bien


martes, 12 de febrero de 2013

Náufragos de palabras (2005)




Desde un alud de barros hasta ese paisaje de tipas y cañadas, incluyendo la marea que se tragó amores, amigos, vecinos, su poesía no se guarda nada, y en tres, seis líneas es capaz de mover figuras dentro de un paisaje que, sabemos, es el mundo diseñado por la especie. Griselda los describe “con los dientes estirados… como perros hambrientos en la estepa”.
            Ella se da el gusto de retorcer el siglo hasta la última gota –el que se fue y el que ahora nos vive-; ella despliega laberintos, se pierde a propósito y cuando creemos que ya no hay más por decir otro paso y nos encontraríamos con la bala de frente, pega una vuelta de tuerca y nos desgaja el secreto en las narices. Secreto que todos conocemos, pero que sólo el poeta es capaz de ponerlo en voz alta. Y ella sigue adelante estallando granadas –palabras- por cales y plazas, sólo, para que los fogonazos nos permitan ver lo que en la oscuridad está sucediendo.
Los versos de Griselda irrumpen desde lo más hondo y saltan como las olas, plenos de savia, corriendo veloces hacia la tierra, aún sabiendo que su único destino será estrellarse contra las rocas. Otros, se elevarán también, majestuosos, fatalmente perfectos, pero quedarán ahí, estáticos para siempre. Coronados de espuma en un ademán de ascenso interminable: belleza perenne, “nunca renunciantes”.
            Razón que condensa en la última línea: “Fallo sin más/ Escribo, grito y canto”.


Reyna Carranza
Mayo de 2005
EDICIONES DEL BOULEVARD